Historia

 Debido a la participación del Japón en la Segunda Guerra Mundial, a la colectividad japonesa de nuestro país le fueron expropiados y cerrados varios locales institucionales, lo cual mermó la posibilidad de que se reúnan y organicen actividades.

Fue a raíz de estos hechos que los miembros de la colectividad japonesa decidieron construir un campo deportivo en el que por intermedio de la sana práctica del deporte y otras actividades, los diversos sectores infantiles y juveniles de la colectividad, pudieran ir integrándose.
Al barajar hasta más de 16 ofertas de posibles lugares la ubicación del club, finalmente se encontró un terreno en Pueblo Libre, zona de fundos y terrenos de cultivo.

Para realizar la compra del terreno, principalmente se llegó a la suma requerida, gracias al aporte que dieron las familias de la colectividad en la compra de acciones del terreno, según sus posibilidades, y en la mayoría de los casos los compradores de las acciones nunca pensaron que sería una inversión de negocios, sino más bien una donación en beneficio de las generaciones venideras.

Una vez comprado el terreno, la limpieza del mismo duró varios años, y requirió del esfuerzo y ayuda de toda la colectividad. Había que nivelarlo y tomar aquel algodonal en tierra firme para levantar las edificaciones que más adelante se irían a efectuar.
Muchísima gente trabajó con sumo entusiasmo en la tarea de arrancar las matas resecas y recoger las piedras que abundaban en el terreno, que estuvo destinado al cultivo de algodón, por lo cual era necesario nivelar el terreno por la cantidad de surcos existentes. Fue un hermoso ejemplo de trabajo mancomunado que se expresó en innumerables jornadas con la participación de todos quienes tenían acciones del campo deportivo, principalmente los socios del Club Pacifico y miembros de la colectividad japonesa, incluyendo a los jóvenes nisei.

Todos los testimonios recogidos recuerdan esos días como gratos. Voluntariamente, los fines de semana, familias enteras iban a entregar su cuota de trabajo y esfuerzo para limpiar el terreno, en un clima de unidad y alegría general.

Las señoras, muy temprano, salían de sus hogares con el refrigerio preparado para pasar todo el día, junto a su esposo e hijos, trabajando en el terreno de Pueblo Libre. Típico era el descanso a la hora de almuerzo, cuando entre los voluntario circulaban las tradicionales bolas de arroz, conocidas como "nigiri-meshi", para aplacar el hambre.

Otros, no sólo iban los fines de semana, sino que el vivir cerca del terreno y al tener mucha voluntad de ayuda, aprovechaban su tiempo durante la semana para limpiar y regarlo, incluso hasta en las noches.

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